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Qué es y cómo funciona la Terapia Breve Estratégica
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La Terapia Breve Estratégica es un enfoque original sobre la formación y la solución de los problemas humanos que se basa en
fundamentos teóricos y práctica aplicativa en constante evolución sobre la base de la investigación empírica. Se trata de una
intervención terapéutica breve (entendiendo por breve menos de 20 sesiones) que se ocupa, por una parte, en eliminar los síntomas
o el comportamiento disfuncional por el cual la persona ha recurrido a terapia, y por otra parte, en producir un cambio de las modalidades
según las cuales la persona construye su propia realidad personal e interpersonal. Por consecuencia, la Terapia Breve Estratégica representa
una intervención radical y duradera y no una terapia superficial y meramente sintomática. Diferentemente de las tradicionales teorías
psicológicas y psiquiátricas, un terapeuta estratégico no utiliza ninguna teoría sobre la “naturaleza humana” y, por tanto, mucho
menos definiciones relativas a la “normalidad” o “patología” psíquica. Este enfoque se interesa principalmente por la “funcionalidad”
o “disfuncionalidad” del comportamiento de las personas y de su modo de relacionarse con su propia realidad. Cuando nos encontramos
frente a una dificultad – sea personal, relacional o profesional – la primera cosa que intentamos hacer para resolverla es utilizar
una estrategia que nos parece productiva, tal vez porque ha funcionado en el pasado para una situación similar. Si la estrategia elegida
funciona la dificultad se resuelve en tiempo breve, pero a veces sucede que nuestra estrategia no funciona como esperaríamos y que
esto nos lleva a intensificar nuestros esfuerzos en esa dirección, desde que la solución pensada nos parezca aún la más lógica, obvia,
o la única posible. Pero cuanto más aplicamos esta estrategia más la dificultad inicial parece no sólo irresoluble sino incluso se
complica, transformándose en un verdadero problema estructurado. Desde un
punto de vista estratégico, por tanto, para cambiar una situación problemática no es necesario desvelar las causas originarias (aspecto
sobre el cual, por otro lado, no tendríamos ninguna posibilidad de intervención), pero trabajar sobre cómo esto se mantiene en el
presente, gracias a la repetición de la “solución intentada” adoptada. Por este motivo, el terapeuta estratégico se enfoca, desde
el inicio de la terapia, sobre la ruptura de este círculo vicioso que se llegó a establecer entre las soluciones intentadas y la persistencia
del problema, trabajando sobre el presente más que sobre el pasado, sobre cómo funciona el problema más que sobre el “porqué” existe,
sobre la búsqueda de las soluciones más que de las causas. El objetivo último de la intervención terapéutica se transforma así
en el desplazamiento del punto de observación del sujeto de su posición originaria rígida y disfuncional (que se manifiesta a través
de las soluciones intentadas) hacia una perspectiva más elástica y funcional, con mayores posibilidades de elección. De este modo
la persona adquiere la posibilidad de afrontar el problema sin rigidez y sin estereotipos, disfrutando de la ventaja de haber desarrollado
diversas estrategias de resolución. Para alcanzar este objetivo de la forma más eficaz y rápida posible, la intervención estratégica
es de tipo activo y prescriptivo y debe producir resultados ya desde la primera sesión. Si esto no ocurre, el terapeuta está en condiciones
de modificar su propia estrategia con base a las respuestas del cliente, hasta encontrar la estrategia idónea para guiar a la persona
al cambio definitivo de su propia situación problemática. |
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